El triunfo del espíritu

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martes, 8 de septiembre de 2015

COMENTARIO A LA RIMA LII


RIMA LII


Olas gigantes que os rompéis bramando 
en las playas desiertas y remotas, 
envuelto entre la sábana de espumas, 
¡llevadme con vosotras! 

Ráfagas de huracán que arrebatáis 
del alto bosque las marchitas hojas, 
arrastrado en el ciego torbellino, 
¡llevadme con vosotras! 

Nube de tempestad que rompe el rayo 
y en fuego ornáis las sangrientas orlas, 
arrebatado entre la niebla oscura, 
¡llevadme con vosotras!. 

Llevadme, por piedad, a donde el vértigo 
con la razón me arranque la memoria. 
¡Por piedad! ¡Tengo miedo de quedarme 
con mi dolor a solas!.



COMENTARIO DE TEXTO.
Rima LII de Gustavo Adolfo Bécquer.
publicado el 24/02/2011  por Leonor Gómez


LOCALIZACIÓN.-   
                Este poema corresponde al escritor sevillano Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870), perteneciente al movimiento literario del Romanticismo. Su producción  la componen obras en prosa como Leyendas, de carácter fantástico y popular, Cartas literarias a una mujer, Cartas desde mi celda, Historia de los templos de España y algunos artículos periodísticos; su producción lírica, a la cual pertenece el texto que vamos a comentar, se recoge en la obra Rimas.

Situamos este poema en la última etapa del Romanticismo, movimiento cultural, artístico y literario opuesto al Neoclasicismo del siglo XVIII, que surgió en Alemania e Inglaterra entre finales del XVIII y principios del XIX, y que defendía la libertad del individuo en todos los órdenes de la vida, así como  el valor de la fantasía, la emoción y la expresión de los sentimientos más hondos y desesperados.  

 Bécquer nace en plena ebullición del Romanticismo, en 1836.  Huérfano desde niño, lee a los románticos europeos y estudia pintura desde joven. Cuando ya el Romanticismo había perdido su vigencia y había cedido paso a otra concepción artística dominante en la segunda mitad del siglo XIX, el Realismo, Bécquer comienza a escribir. Por ello se le considera, junto a  Rosalía de Castro,  romántico tardío o posromántico.  La principal influencia literaria en Bécquer le llegó del Romanticismo alemán, H. Heine es constante en la obra del sevillano, sobre todo, en la expresión próxima a lo popular, el gusto por la sugerencia y el tono directo e íntimo.

Bécquer  recogió sus composiciones poéticas sin un orden lógico en  El libro de los gorriones, en 1868; pero fue un año después de su muerte, en 1871, cuando sus amigos  publicaron las Rimas  y ordenaron los poemas por grupos temáticos. La que nos ocupa aparecía en el cuarto grupo, formado por rimas con reflexiones acerca de la soledad y la muerte. Esta rima es la primera de esa serie.   En el Libro de los gorriones, ocupaba el número 35; en el libro de las Rimas, el LII.

TEMA.  
 El tema del poema es el malestar y la angustia del poeta, aunque no sabemos la causa,  y su deseo de fusión con la naturaleza, a quien le pide  que le arrastre lejos del dolor del recuerdo. Se trata, pues, de un tema puramente romántico: la desazón se proyecta en la naturaleza arrebatada y violenta.

ESTRUCTURA EXTERNA (MÉTRICA).

   La estructura externa se organiza en cuatro estrofas de cuatro versos en las que  el esquema métrico  responde a la siguiente estructura: 11/11A/11/7a. Como vemos,    únicamente  riman  los versos pares en forma asonante (o-a).  El verso heptasílabo confiere contundencia y concisión expresiva al final de la estrofa, después de los endecasílabos,  y coincide con el estribillo del poema.

ESTRUCTURA INTERNA
El contenido se agrupa en dos unidades de significado: en las tres estrofas primeras, el poeta se dirige desesperado a los elementos de la naturaleza  (olas, ráfagas de huracán y nubes de tempestad)   para  suplicarles la fusión con ellos; la última estrofa explica la razón de tal deseo: teme sufrir en soledad a causa del recuerdo. Tras la visión de un paisaje tormentoso, comprendemos finalmente que, en realidad, se trata de una naturaleza salvadora y piadosa.   


FIGURAS LITERARIAS.LENGUAJE POÉTICO.-  

    El poema se articula en forma de invocación a las fuerzas del temporal,  personificados en los vocativos y en los imperativos.
     Vemos como el poema está rigurosamente compuesto. Las tres estrofas primeras ofrecen sus elementos en disposición paralela (paralelismo).   Es decir, la estructura sintáctica y semántica de las tres primeras estrofas es idéntica: los dos primeros versos de cada una  son ocupados por un largo vocativo en el que el poeta apela a los elementos naturales  para, después de una pausa, introducir un predicativo formado por un participio más complementos, que indica  el modo en el que desea ser arrastrado por éstos.   

      Cada estrofa termina con un estribillo en tono exclamativo (¡Llevadme con vosotras!), muy del gusto becqueriano,     que confiere gran condensación emotiva el final de las estrofas, marcando el deseo desesperado de fusión con la naturaleza embravecida.  Por otra parte, la estrofa  final, en la que la anáfora del verbo llevadme cobra todo su sentido, expresa el motivo de su desesperanza,  y constituye el clímax  emotivo del poema, pues es un grito de sinceridad manifestado por medio de exclamaciones retóricas.    Además, el encabalgamiento del último verso es altamente expresivo, pues permite que la fluidez del poema no se rompa en su clímax final.

      Las tres primeras estrofas tienen un carácter descriptivo donde predominan sustantivos y adjetivos. Estos sustantivos  pertenecen  al campo semántico de la naturaleza (olas, playas, espumas, ráfagas, huracán, bosque, hojas, torbellino, nubes,  tempestad, rayo, orlas, niebla),  pero vemos que esta naturaleza no es una naturaleza ideal, armónica, clásica.  Se trata de una naturaleza desbocada, desatada y violenta  construida  poéticamente mediante el uso de una adjetivación de marcado carácter romántico: olas gigantes, playas desiertas y remotas, alto bosque, marchitas hojas, ciego torbellino,  desprendidas orlas, niebla oscura.      Además, los
verbos utilizados para la descripción de los movimientos  naturales, transmiten sensación de violencia: romper, arrebatar, arrastrar; en consonancia con el arrebato interior del poeta y con el gusto romántico por la naturaleza desatada.        



VALORACIÓN CRÍTICA.

                Vemos que la adecuación entre la forma y el contenido del poema es total. El dolor del poeta proyectado al exterior halla su perfecta expresión mediante la personificación de la naturaleza, a quien se invoca y apela,  y a la descripción que se hace de ella, de  gran expresividad y dinamismo.   El sesgo romántico es evidente y se presenta en la poesía de Bécquer como el exponente más valioso de esta corriente en nuestra lengua.


Bécquer constituye  la apertura hacia una nueva concepción de la poesía pues, por primera vez, lo que en ella prima es la impronta de un estilo nuevo, sencillo e íntimo,  donde la expresión de delicadas emociones se plasmará despojada de artificios retóricos y grandilocuencias. Consideramos que son estas las razones por las que el discurso lírico becqueriano se nos presenta hoy en día como vigente y actual.  Esta línea lírica  la seguirán posteriormente otros grandes poetas como  Antonio Machado,  Juan Ramón Jiménez o  los autores de la Generación del 27. 

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